MEDITACIÓN: ¿Qué es? ¿Vale la pena practicarla?

MEDITACIÓN: ¿Qué es?  ¿Vale la pena practicarla?

Por Joan Tollifson

Traducción de Manuel Burque Torreira

 

“La meditación es una práctica dualista que solo refuerza el yo separado? o “No tengo tiempo de meditar,” o “yo no puedo meditar, mi mente está muy ocupada.” Escucho afirmaciones como estas más bien con frecuencia, y me pregunto, ¿algunas de estas afirmaciones son verdaderas?

En primer lugar, ¿qué es meditación? La palabra se usa para referirse a cosas muy diferentes, pero en el sentido más profundo, tal como yo la uso, sencillamente apunta a ser aquí-ahora, presente, consciente, abierto.

Y realmente, como cualquier versión inteligente de la actividad formal que llamamos meditación eventualmente revela, esta presencia abierta consciente es la naturaleza siempre presente del Aquí-Ahora.

Es lo que el Aquí-Ahora es -la nada, el cero, el fondo desde el que surge todo y a lo que todo vuelve-.

Esta apertura es lo que somos realmente, no lo que practicamos o hacemos.

El Aquí-Ahora es el factor común siempre presente en cada experiencia, ya sea que estemos meditando, ocupados trabajando, cuidando niños ruidosos y chillones, haciendo la compra en un mercado abarrotado, conduciendo por una autopista llena de coches, manteniendo una conversación acalorada o sentados en un banco del parque observando los pájaros.

Ya nos sintamos calmados o agitados, felices o desgraciados, todo eso sucede Aquí-Ahora en esta conciencia sin límites. La meditación es realmente la naturaleza o actividad natural de la de esta presencia consciente que somos. Pero frecuentemente, esto pasa desapercibido. Y pensamos y sentimos que somos seres deficientes, encapsulados, separados. De aquí que consideramos la meditación en el sentido más formal, para despertar de esta ilusión y explorar la realidad viva de forma directa.

En este sentido más formal de la palabra, la meditación se refiere dejar de lado nuestras actividades habituales, permaneciendo relativamente tranquilos y calmados, y después hacer (o no hacer) diferentes cosas. Estas cosas diferentes en distintas escuelas de meditación pueden incluir la respiración, prestar atención a las sensaciones, etiquetar los pensamientos, decir un mantra, trabajar con un koan, atender a la atención o no hacer nada en absoluto. Puede haber instrucciones adicionales sobre la postura correcta, postura de las manos, mantener los ojos cerrados o abiertos, y así sucesivamente, y diferirán.

Para mí meditación sencillamente significa estar presente y prestar atención abierta a los que es. Y por lo que es, quiero decir la realidad energético-sensorial de este momento y la presencia consciente que contempla todo eso. En otras palabras, simplemente estar despiertos a los sonidos del tráfico, las sensaciones del cuerpo, la respiración, la danza visual de las formas y colores, si uno tiene los ojos abiertos, y también reconociendo, conectando, disolviendo todo ello en una presencia vibrante que lo impregna todo, la espaciosidad en la que todo va surgiendo, la quietud en la escucha, la vivacidad.

Meditación significa también ser consciente de los pensamientos que van surgiendo y dándose cuenta de ellos como pensamientos, sin confundirlos con historias objetivas y creíbles sobre la realidad, y sin ser absorbidos por el contenido y las tramas que están desarrollando, -y si la absorción y la hipnosis del pensamiento ocurren, como sucederá a veces, meditación significa sencillamente darse cuenta de eso- viendo la seducción del pensamiento y con qué rapidez y persuasión se crea un mundo imaginario que parece creíble y como el aparente yo parece estar en el centro de esa historia.

La meditación no enjuicia ni busca resultados. No va a ninguna parte. Y si los juicios o la búsqueda de resultados surgen, como realmente ocurre, meditar es simplemente darse cuenta de estos movimientos de la mente sin enjuiciarlos ni buscar algún estado particular o librarse de algo que aparece.

No rechaza nada, no busca nada. Se permite que todo sea tal y como es. La meditación, tal como yo la entiendo, no trata de conseguir un estado especial o librarse de algo que aparece.

Es sencillamente estar presentes, darse cuenta, estar en el Aquí-Ahora, lo que siempre somos sin esfuerzo alguno. No hay tal cosa como una “buena meditación” o una “mala meditación”.

No es posible fracasar en una meditación, aunque mucha gente cree que han fracasado porque sus pensamientos surgen una y otra vez y se sienten agitados, sin descanso y aburridos, por tanto, este debe ser un fracaso. La gente a menudo tiene la idea de que la meditación consigue la calma y la ausencia de pensamientos, y si eso no está sucediendo, eso significa que no está funcionando. Pero, la verdadera meditación permite sencillamente que todo sea como es, contemplando todo eso con amor incondicional.

La meditación no busca resultados o llegar a alguna parte o tener una experiencia mística especial o arreglar o mejorar un yo imaginario. Trata simplemente de estar despierto Aquí-Ahora, permitiendo que todo sea tal como es -y dándose cuenta de que todo es ya como es- obviamente porque todo está aquí, tal como es, incluidos nuestros momentos de resistencia y de búsqueda. Es propio de la naturaleza tipo espejo de la conciencia el permitir que todo sea tal como es. La conciencia lo incluye todo y no se apega a nada.

Y finalmente, como cualquier verdadera meditación revela, no hay una frontera real entre “meditación” y “el resto de mi vida”.

Pero es muy útil, especialmente en los comienzos, dedicar un cierto tiempo y espacio ininterrumpido a sentarse tranquilamente, sin hacer nada. Esto es lo que nuestra sociedad necesita desesperadamente, algo de lo que la mayoría de nosotros estamos profundamente hambrientos, lo reconozcamos o no. Lejos de “desperdiciar el tiempo”, esto trata de descubrir lo que es más esencial y de ver lo falso somo falso. Pero es mejor acercarse a la meditación sin ideas tan elevadas y mirarla como como algo completamente inútil y sin propósito. Eso puede sonar terrible pero solo para la mente condicionada.

Aunque la meditación, a veces, se llama sentarse, estar sentado no es esencial. Uno puede meditar sentado, de pie, tumbado o caminando. Uno puede estar en un sillón, en una silla reclinable, en un banco del parque o en un cojín de meditación. Uno puede estar en casa, en la oficina, en la prisión, en la cama de un hospital, en un avión o en cualquier parte en absoluto. Una ubicación tranquila ayuda, pero de ninguna manera es esencial. Nada que aparezca puede considerarse una distracción, un obstáculo, una interrupción o un problema. Los ojos pueden estar abiertos o cerrados. Uno no necesita mantener el cuerpo totalmente inmóvil, sino simplemente permitir que surja por sí misma una quietud natural.

Todos tenemos al menos unos pocos minutos a lo largo de un día corriente ocupado, que potencialmente podríamos dedicar a esta especie de ser simplemente. Mientras vamos en el autobús, en el tren o en el avión, o mientras esperamos en una sala de espera antes de una cita, en lugar de buscar una revista o el teléfono, podemos tratar de solo ser aquí. ¡Esto es radical en nuestra sociedad! Durante un momento entre cliente y cliente, entre paciente y paciente, entre dos reuniones, durante un descanso, mientras los niños duermen, o cuando haya un momento libre en la planificación diaria, podemos simplemente parar y ser. Unos pocos minutos, incluso unos pocos segundos, a lo largo del día, pueden ser algo importante.

Y tal vez es posible dedicar algún tiempo específico, tal vez solo 5 o 10 minutos, al comienzo y/o al final del día, a simplemente ser aquí, sin hacer nada. Aunque la meditación formal lleva tiempo, relativamente hablando, realmente trata de la apertura a lo que es sin tiempo, sin comienzo ni final, siempre presente y sin embargo siempre cambiante. Y cuánto más se reconoce esto, más se sabe estar siempre presente como lo que uno es realmente, no como una idea o como una creencia sino como una realidad sentida sin duda alguna.

Nadie carece de algún tiempo sin programar, de tiempo libre. Pero tendemos a llenarlo con ruido y asuntos: pensar y hablar sin cesar, video juegos, medios sociales, navegar por internet, mirar la TV, leer, mirar el correo, ver las llamadas telefónicas, o cualquier otra cosa en lugar de solo ser aquí y ahora. Nuestra sociedad actual nos ofrece abundantes posibilidades para este tipo de actividades crecientemente adictivas y sin descanso. Es difícil hallar un espacio público sin televisiones encendidas o música de fondo o ambas, permanentemente en funcionamiento.  Mientras que las actividades anteriormente mencionadas no son “malas” o inherentemente problemáticas realizadas con moderación, vivir sin ellas durante algunos minutos, unas pocas horas, unos pocos días o semanas en alguna ocasión, se nos muestra como una maravillosa revelación.

Cuando uno se permite por primera vez hacer esto –parar y estar inmóvil, sin hacer nada– puede sentir alivio y alegría, o sentir una intensa energía en el cuerpo que parece demandar hacer algo como coger el teléfono o comenzar a pensar sobre algo inmediatamente. Si uno siente esta poderosa urgencia de hacer algo, simplemente debe sentir esa energía, esa urgencia, en el cuerpo como una sensación pura. Explorarla. Dejarla ser. Si hay lo que llamamos inquietud o aburrimiento, simplemente permitimos que estas cosas sean lo que son y somos curiosos sobre cómo se desarrollan ¿qué son, sin etiquetas?

Miramos los pensamientos, sentimos las sensaciones, conectamos con la energía desnuda de los mismos.

Si dejamos pasar todos nuestros asuntos y la hiperestimulación, puede ser como superar el abandono de cualquier otra adicción -hay a menudo un periodo de malestar-. El desafío consiste en estar con este malestar sin buscar nada para curarlo. Aquí es donde descubrimos lo que hemos estado evitando y lo que hemos estado perdiendo.

Alguna gente tiene disciplina y la regularidad es muy importante, otros no. Algunos miran la meditación como una práctica, otros simplemente como una parte natural de la vida. Algunos usan un cronómetro y siguen un horario estricto, otros implemente meditan tan a menudo y/o tanto tiempo como sienten, tal vez sin pensar en ello nunca más como “meditación” o como algo especial. Siento que podemos confiar que el mejor modo para cada uno de nosotros se desplegará de forma natural, y el mejor modo puede cambiar a lo largo del tiempo. Incluso los aparentes errores son todos parte del Camino. El Camino no va a ninguna parte (es decir, es siempre Aquí/Ahora), y simplemente despertamos a la realidad de que somos Aquí-Ahora. Si tratamos de “estar aquí ahora”, estamos pasando por alto esto. No se trata nunca del futuro o de intentar llegar a alguna parte.

La Meditación para mí es ambas cosas, práctica y potencialmente algo trascendente, y por trascendente, quiero decir el descubrimiento de lo que es ilimitado y libre, más allá de lo personal (y esto no excluye ni niega lo personal, sino que no está limitado por ello). En ambos niveles, el práctico y el trascendente, la meditación implica ver como la mente pensante crea el sufrimiento y la confusión, despertando de historias y creencias, desarrollando una capacidad de convivir con sensaciones o emociones perturbadoras sin necesitar escapar por caminos dañinos, y pasando de una vida desenraizada y gobernada por el exterior a una vida enraizada más y más en la conciencia y en la presencia. A nivel de práctica, la meditación nos puede conducir a una vida más feliz y menos estresante, y para muchos, especialmente con las formas seculares de meditación, esto es lo más lejos que nos puede llevar, y no está mal.

Pero a un nivel más profundo y trascendente, la meditación nos permite ver a través del espejismo del yo separado. Trata de pasar de estar exclusivamente identificados como una persona, a saber que somos el ser consciente y sin límites que contempla el mundo de la mente-cuerpo. Es el descubrimiento de que no estamos encapsulados dentro del cuerpo y de que el mundo no está “ahí fuera”, separado de nosotros. La meditación revela la totalidad sin costuras y la interdependencia de todo. En la verdadera meditación no hay meditador.  No hay frontera entre dentro y fuera, entre sujeto y objeto. La meditación nos permite darnos cuenta de lo que de otro modo sólo nos aparecería como una colección de ideas y creencias hermosas (es decir, que no hay ego, que no experimentamos nada fuera de la conciencia, que las cosas aparentemente separadas y persistentes no existen realmente). También nos permite ver que el amor incondicional es nuestra naturaleza fundamental, que el nacimiento y la muerte son divisiones imaginarias de lo que realmente es un todo sin costuras, que nuestra Naturaleza Esencial nunca se pierde ni siquiera en los momentos de malestar y confusión. La meditación nos permite explorar cuestiones tales como libre albedrío o la naturaleza de la realidad, no pensando sobre ellas sino observándolas y conociéndolas directamente.

La meditación no es teórica o filosófica; es encarnada y no conceptual. Y paradójicamente, cuando estamos totalmente encarnados, ¡queda absolutamente claro que no somos el cuerpo! ¿Quién o qué eres tú ahora mismo si no te refieres a los pensamientos, a la memoria, a la imaginación y a la información de segunda mano? Como presencia consciente innegable, ¿tienes un género, una edad, una nacionalidad, un cuerpo y una mente? ¿Estás situado en alguna parte en particular? ¿Tienes límites, un lugar en el que comienzas y terminas, algún lugar en el que no estás? ¿Hay algún límite entre tu interior y tu exterior? Introduce centro de ti estas preguntas. Siente el alivio y la libertad de no ser “nada” en absoluto y la de ser todo a la vez.

Por un momento, deja atrás el pasado y el futuro. Deja atrás todas las ideas y creencias, toda la información de segunda mano y el conocimiento acumulado. Deja atrás todo lo que crees que sabes sobre ti mismo y sobre el mundo. Deja atrás toda expectativa y anticipación, todas las opiniones y juicios. Ábrete completamente. No te resistas a nada. Permite que los sentidos funcionen de forma natural. Si los pensamientos vienen, déjalos venir e irse, pero no te involucres en las historias que cuentan. Sé simplemente. Siente la textura de este puro ser. Siente la espaciosidad, la apertura, la energía, la vibrante vivacidad.

¿Qué es lo que se da cuenta de esta apertura, de esta espaciosidad, de esta vivacidad? No busques las respuestas en el pensamiento sino simplemente mira y escucha y mantente abierto a lo que se revela a sí mismo. Si no viene nada perceptible o concebible a tu mente como respuesta, por muy sutil que pueda ser, pregúntate a ti mismo, ¿qué es lo que se da cuente de eso? Cae en la nada que no puede ser asida por la mente, el cero sin información, la unicidad sin límites y totalmente inclusiva que no tiene opuesto, la quietud en el Corazón de todo, lo inmensurable, la vastedad ilocalizable que es anterior (o más sutil que) a nada perceptible o concebible.

Esta vastedad de Aquí-Ahora aparece como una forma siempre cambiante y que se disuelve en la no forma, como las olas del océano surgiendo y desapareciendo. Dedícate a esta vastedad que eres, tu propio Corazón, expresándose como movimiento de olas y desapareciendo en la profundidad silenciosa que en realidad nunca ha abandonado, momento a momento, respiración a respiración. Meditación de devoción. Amor incondicional que encuentra a Dios en todas partes.

La meditación invita a liberarse en el lugar, no de una vez por todas, no algún día, no una vez hace tiempo, sino justo ahora.

¡Y si piensas que no estás liberado, la meditación te invita a ver si puedes encontrar a ese que no está liberado!