MEDITACIÓN ES MÁS QUE CONCENTRACIÓN Y CALMA: SAMATHA Y VIPASSANA (segunda parte)

 

Este artículo se basa en el capítulo cuarto del libro de Shinzen Young, The Science of Enlightenment.

VIPASSANA: ANÁLISIS DE LA EXPERIENCIA SENSORIAL

El vipassana, la meditación de la clarificación/comprensión, presupone analizar la experiencia sensorial y seguir la pista de las interacciones de sus componentes. Por ejemplo, si uno está viviendo una experiencia emocional y practica meditación, puede decidir hacer la meditación de la clarificación y, momento a momento, examinar la experiencia emocional en términos de elementos básicos sensoriales y sus interacciones. Dicho de una manera más tangible, en un momento dado, uno puede tener sensaciones corporales de tipo emocional en el cuerpo o no. Las sensaciones corporales de tipo emocional se muestran en forma de lágrimas y tristeza en los ojos, de mandíbula contraída por la ira y el miedo y mareos en la barriga, de una agradable sonrisa en la cara, de interés entusiasta en todo el cuerpo, y de otras muchas maneras. Este tipo de sensaciones corporales son importantes componentes de la experiencia emocional.
Las imágenes mentales son el segundo componente. Uno ve mentalmente la escena, la gente, la situación. Tiene una imagen mental de cómo está el cuerpo, y una imagen mental de la escena en el entorno. Revive el pasado y fantasea sobre el futuro. Todo eso implica imágenes mentales. Por tanto, la actividad de imágenes es también un componente importante de una experiencia emocional. Uno escucha dentro de su cabeza hablarse a sí mismo o tal vez se imagina lo que va a decir, o bien ensaya lo que va a responder o incuba lo que ya ha dicho ya. Aparecen los juicios y las racionalizaciones, en fin, surge la conversación interna. Esto es a lo Shinzen Young llama actividad de parloteo.
Por tanto, los tres componentes básicos de cualquier experiencia emocional son:  la visualización mental, el parloteo mental y las sensaciones de tipo emocional que se siente en el cuerpo.
Para describir de una manera rápida el proceso, Shinzen Young se refiere a menudo a imágenes mentales como “Ver dentro”, al parloteo mental como “Oír dentro” y a las sensaciones corporales de tipo emocional como “Sentir dentro”. Por tanto, si uno atraviesa una experiencia emocional, uno la puede de-construir en tres componentes: imágenes mentales, charla mental y sensaciones corporales emocionales.
¿Y qué sucede cuando uno no está pasando por experiencias emocionales específicas? ¿Surgen también estas tres categorías? Esto es lo estupendo del asunto: cualquier percepción del ego implica uno o varios de estos tres componentes. Los griegos decían “conócete a ti mismo”, pero, de hecho, el autoconocimiento tiene varios niveles. Puedes conocerte en términos de tus patrones personales. Esta es una buena cosa. En cualquier momento dado, uno puede tener imágenes mentales o no (2 posibilidades). En el mismo instante, para cada una de esas posibilidades, hay otras dos posibilidades: o surge parloteo mental o no. Haciendo los cálculos tenemos 4 (2 x 2) para cualquier momento. Pero en el mismo instante para cada una de esas posibilidades, o bien hay emociones corporales o no, lo que multiplica las posibilidades otra vez por 2, generando un total de 8 (4 x 2 = 8) estados básicos: 3 posibles hechos singulares (imagen mental, charla mental, emoción corporal), tres posibles casos pares (cualquier dos al mismo tiempo), y dos situaciones extremas posibles (los tres componentes internos están activos al mismo tiempo o inactivos al mismo tiempo). Por tanto, podemos analizar cualquier estado subjetivo en ocho patrones de composición básicos. Esto representa una visión muy simplificada, porque cada uno de los componentes internos puede activar un continuum que puede ir desde el absoluto reposo hasta la intensidad máxima posible. Pero por mor de la sencillez, podemos representarlos utilizando una aproximación binaria de “on” versus “off”. Normalmente estamos preocupados por el contenido de nuestra experiencia subjetiva, que, naturalmente, puede ser enormemente compleja. Pero la composición básica es notablemente sencilla si la modelamos como tres variables binarias que producen un total de 8 estados básicos. Enumeremos estas 8 posibilidades:
Tres sucesos singulares:
1.- Sólo imagen mental; 2.-Sólo parloteo mental; 3.- Sólo emoción corporal
Tres sucesos en pares:
4.- Imagen mental y parloteo mental; 5.- Imagen mental y emoción corporal; 6.- Parloteo mental y emoción corporal
Dos extremos:
7.- Las tres activas al mismo tiempo; 8.- Las tres en reposo al mismo tiempo.
Si uno monitoriza su experiencia interior (memoria, plan, fantasía, preocupación, voluntad, deseo, resolución de problemas, juicios, convicción, confusión, y así sucesivamente) en términos de los ocho estados básicos, notará algo notable. Cuando los tres elementos se activan fuertemente, la percepción “yo soy una cosa separada” es muy intensa. Pero si se activan solamente uno o dos suavemente, la percepción de “yo soy una cosa separada” se reduce bastante. Y lo más sorprendente de todo, es que, cada vez en un instante, el sistema interno se desconecta, dando lugar a que el sentido de ego separado se desvanezca. Algo que fluctúa con el tiempo es una onda, no una cosa. Es decir, algo que se desvanece y reaparece no puede ser pensado como una entidad perdurable. Si no hay nada que sea duradero, es de esa Nada de la que surgen los fenómenos experimentados y a donde retornan.
Inicialmente, seguir la pista a estos ocho estados puede ser muy complicado. Uno puede agitarse o puede sentir que no está en un estado tan profundo como el que se supone que debía generar la meditación. E incluso puede requerir mucho esfuerzo. Podría uno preguntarse legítimamente: ¿Por qué me molesto en eso? ¿Por qué no me enfoco en estados de reposo agradables o algo sencillo como la respiración?
Hay una importante y poderosa recompensa que ofrece la meditación de la clarificación: nos conduce a comprensiones -insights- y las experiencias “aja”.
Algunas de estas comprensiones son triviales. Por ejemplo, uno puede descubrir que cada vez que estornuda, nota un músculo cervical en los espasmos de la espalda. Uno no lo sabía antes, pero se da cuenta cuando presta atención cuidadosa a la experiencia sensorial. Esta comprensión es realmente poco importante, pero otras comprensiones pueden ser tan profundas como la entender la diferencia entre dolor y sufrimiento o darse cuenta de que uno no es un ser separado del resto del mundo o de que lo que piensa que es, no es tal. Estas comprensiones son asombrosamente profundas y cambian permanentemente la vida del que las experimenta.

Un ejemplo sencillo de cómo funciona el aspecto de meditación de la clarificación podría ser el de un puesto de trabajo en una oficina. Imagínate que tienes una mesa en el que están apilados muchos papeles. No sólo tienes mucho trabajo qué hacer, sino que el material está totalmente desorganizado. Es un montón de papeles y ni siquiera sabes qué va con qué.

Una poderosa manera de tratar con estas situaciones es clasificarlos. Por ejemplo, se pueden clasificar en papeles que llegan, papeles que sales, papeles que suponen un pago o pendientes de pago. Se podría crear una bandeja para cada categoría y etiquetarla. Después uno podría clasificar los papeles, uno por uno, poniendo cada uno en bandeja. Después se analiza cada componente.

Al finalizar el trabajo de organización, no sólo está más limpia y ordenada la mesa, sino que ya se puede empezar a trabajar porque podemos elegir por dónde empezar. Por ejemplo, si a través de la clasificación te das cuenta que la bandeja de los papeles pagaderos está mucho más llena que la bandeja de los pendientes de pago, habría que analizar cómo va tu negocio. Ves la corriente de renta de tu empresa.

Esta metáfora parece muy evidente porque se utiliza habitualmente en el mundo externo. Clasificar en categorías y etiquetar es una actividad mundana y una parte extremadamente útil en nuestra vida diaria. Nada podría funcionar sin hacer esto. Pero curiosamente, casi nadie hace uso de esto en para limpiar el mundo interior.

Shinzen Young llama a este aspecto de la clarificación la estrategia “divide y vencerás” del vipassana. Es la estrategia que usaban los romanos antiguos para describir su estrategia de romper el conglomerado de un ejército enemigo en pequeñas partes que podían ser derrotadas individualmente.  Así trabaja el vipassana en el mundo interior.
Descomponiendo una experiencia compleja en sus componentes es más fácil el proceso de comprensión. Por otra parte, si tropezamos con una experiencia difícil la podemos descomponer en piezas más pequeñas y menos desafiantes individualmente. Esto facilita el trabajo con uno mismo. Esta descomposición que hace el vipassana es lo que permite “conquistar”, que no es otra cosa que conocerse interiormente y de esa manera descubrir el origen del sufrimiento y ver con claridad la conducta distorsionante que genera el sufrimiento. Este análisis de los componentes de las emociones nos hace libres.
 Aunque hay cierto desacuerdo entre algunos eruditos modernos con respecto a este punto, de acuerdo con la narrativa tradicional el Buda descubrió una nueva manera de meditar que implica la experiencia sensorial de la clarificación y del desenredo de la madeja sensorial.
La idea original en el ascetismo era que cuánto más paciente uno fuese con el dolor, más profunda sería la purificación de tu alma. El Buda intentó esas prácticas ascéticas, pero finalmente las abandonó y halló un paradigma más profundo y refinado: la ecuanimidad. CUANTA MÁS ECUANIMIDAD TRAE AL DOLOR (O AL PLACER) MÁS SE PURIFICA LA CONCIENCIA. En este contexto, la ecuanimidad se refiere a la relación con la experiencia sensorial: dejar ir el deseo y la aversión en cada experiencia, y permitir que todas y cada una de ellas se expanda y se contraiga sin interferir en ningún momento. 
En resumen, el Buda hizo dos descubrimientos originales en la práctica de la meditación: el poder liberador de la claridad sensorial y el poder de purificación de la ecuanimidad.
 

SAMATHA Y VIPASSANA

 
Como hemos visto, el término pali, samatha, significa un alto nivel de concentración y una maravillosa calma. Y el término, también pali, vipassana, se refiere al aspecto de la clarificación de la meditación.
Vipassana combina tres nociones en una sola palabra. Passana significa ver y vi significa dos cosas aparte y a través de. Por tanto, Vipassana significa en primer lugar descomponer las sensaciones en sus partes y analizarlas y entender sus componentes o “partículas”. En segundo lugar, vipassana significa abismarse en estos componentes hasta que uno comprenda, “vea”, su naturaleza más profunda, que se muestra en forma de vibraciones (ondas). Esto es lo que los Sayadaws birmanos conocen como “penetrar” los acontecimientos sensoriales en el mismo momento que surgen. En tercer lugar, el vipassana, cuando uno descompone lo suficiente las sensaciones y las penetra, hasta ver la realidad tal cual es, se produce el cambio de paradigma (mirar hacia dentro en lugar de hacerlo hacia afuera como hacemos habitualmente), que conduce a la comprensión.
En resumen, el budismo caracteriza la meditación en dos aspectos que contrastan y que son mutuamente complementarios: samatha versus vipassana.
No obstante, Shinzen Young destaca que este es solamente uno de los caminos para analizar el empeño de la meditación. Es bueno y vale la pena saberlo, pero él propone afrontar la meditación en los términos de sus tres componentes: concentración, claridad sensorial y ecuanimidad.
 
Finalmente, uno podría ver la meditación como el hecho de darse cuenta de que se trata de un tipo de perfección primordial que está siempre ahí, de modo que en puridad uno ni siquiera tendría que meditar porque la propia vida bien vivida es meditación. Esto les sucede a los que han “comprendido”.
En cualquier caso, todos los aspectos se complementan.
El énfasis del budismo en el cultivo sistemático de la claridad sensorial representa una innovación única en la historia del mundo espiritual. Por eso algunos maestros de meditación del budismo tienen un prejuicio en relación con las absorciones (el resultado extremo de la práctica de samatha -concentración y calma-); las desechan porque, dicen, no llevan a ninguna parte.
Ya se ha dicho que no tiene por qué ser cierto, porque en lugar de conflicto entre la práctica de samatha y vipassana, haciéndolo adecuadamente, ambos se complementan y se refuerzan mutuamente.
Empezar a trabajar con el lado de la experiencia de reposo del cuerpo/mente, es una manera inteligente de meditar. Haciendo esto a fondo se prepara para hacer más porosos, ligeros y abiertos sus sentidos. Si a partir de ahí practica el vipassana puede llegar a comprensiones sobre la impermanencia, el vacío y el no ego y esto es excelente.
Pero las circunstancias de la vida le pueden conducir a uno a trabaja con una experiencia activada y solidificada del yo mente/cuerpo, aunque tal vez hubiese sido preferible empezar por algo calmado, relajado, tipo samatha. No obstante, algunas personas no son llevadas a practicar samatha, porque, debido a su personalidad, sus preferencias, a experiencias anteriores o a cualquier otra razón, prefieren sencillamente hacer vipassana. El vipassana tiene la ventaja de que se puede hacer bajo condiciones de cualquier tipo. Samatha (al menos al principio) requiere tener una habitación tranquila, tiempo para relajarse, no estar bajo presión y así sucesivamente. El vipassana, en cambio, es duro y vale para cualquier situación. Uno puede hacer vipassana perfectamente en un concierto de rock o mientras conduce.
Hay razones y ventajas para comenzar tanto por un lado como por el otro. Si uno por alguna razón, no puede obtener estados de reposo, no importa, porque uno puede sentarse justo del modo que le sea posible y comenzar a practicar vipassana aunque no disponga de unas condiciones de laboratorio. Comenzar haciendo vipassana sin haber hecho samatha, se llama vipassana “seco”, porque le falta ser regado con el placer suave de la calma, pero el resultado puede ser bueno igualmente.
La mayoría de las personas que son atraídas a la práctica de la meditación lo son al aspecto samatha. Esto puede ser bueno o malo dependiendo del maestro que enseña. Si el maestro tiene cualificación la gente puede hacerlo muy bien, pero si no es así y están esperando momentos de relax y de éxtasis y haciendo comparaciones (esto no es bueno).
En conclusión, Samatha y Vipassana son dos tipos de práctica complementarios y ambos se ayudan. Esto significa que, en cualquier momento, ya sea en una habitación insonora y caliente o bien frente a las olas del mar o en una cama de un hospital, siempre hay algo productivo que se puede hacer.

 

 

 

 

MEDITACIÓN ES MÁS QUE CONCENTRACIÓN Y CALMA: SAMATHA Y VIPASSANA (Primera parte)

Este artículo se basa en el capítulo cuarto del libro de Shinzen Young, The Science of Enlightenment

1.- Introducción

Cuando hablamos de meditación o mindfulness con alguien, la mayoría de las personas dice de inmediato algo así: qué bien me vendría calmarme, relajarme y dejar atrás el estrés. Son muy pocos los que ven la meditación como una manera de incrementar el conocimiento de sí mismos a través de la observación de su experiencia sensorial y de los componentes de la misma.
Si bien, para la persona media, la meditación es un medio de conseguir más concentración y relajación y calma, ésta sólo es la mitad de la historia. La meditación, o si se prefiere mindfulness, tiene dos caras: la cara más conocida, basada en la concentración, es la de verla como un medio de obtener más calma y serenidad; la otra cara, muy poco conocida pero no por eso menos importante, es la de verla como un medio de conocerse a uno mismo y a la realidad tal cual, mediante la observación de la experiencia sensorial (la realidad se nos manifiesta a través de los sentidos) y la de analizar los componentes de esa experiencia para profundizar hasta ver la realidad tal cual es, sin los sesgos que inevitablemente nos impone la cultura en su sentido más amplio. En pali (un idioma de hace más de 2.500 años) existen dos términos para denominar la meditación: uno es samatha y otro es vipassana. La palabra samatha expresa por sí misma los dos rasgos de este tipo de meditación: uno es la concentración y otro la calma, que se refuerzan mutuamente. La palabra vipassana, por su parte, contiene en sí misma los tres rasgos de este otro tipo de meditación: ver, ver aparte (descomponer la experiencia) y penetrarla, todo ello para ver la realidad tal como es.
Vale la pena ver con detalle cada uno de estos aspectos o caras (o si se quiere tipos) de la meditación.

2.- Samatha: concentración y calma  

Como se ha visto, los rasgos de la meditación samatha son la concentración y la calma; ambos interactúan y se retroalimentan. A medida que uno está más concentrado, el cuerpo físico se relaja y la turbulencia emocional se calma, disminuyen las imágenes mentales y uno se hace consciente de una especie de oscuridad reconfortante o de una luminosidad agradable en el ojo de la mente. La charla mental también disminuye hasta desaparecer y uno comienza a experimentar intervalos de quietud mental en la cabeza. Por eso, los efectos relajantes acompañan al estado de concentración. Realmente estamos hablando de un círculo virtuoso que se retroalimenta: cuánto más profunda se hace la calma, más vigorizante se hace la concentración y a la inversa, cuánto más concentrados estamos, más calma física y mental experimentamos. En otras palabras, al profundizar la concentración, se siente más el placer de la calma y la serenidad, y este placer, a su vez, nos motiva a concentrarnos más intensamente. Es una espiral positiva con retroalimentación mutua. Este mecanismo de feedback facilita la consecución de estados profundos especiales conocidos técnicamente como absorciones o jhanas.

Shinzen Young cuenta en su libro, The Science of Enlightment, cómo entró en uno de estos estados en su primer retiro de Zen en Japón. El retiro era duro y riguroso y duraba una semana. La primera sentada del primer día fue de media hora, y al final de la misma se sintió muy bien. En la segunda sentada, sus piernas empezaron a causarle un poco de malestar, pero todavía se sitió muy bien. Durante la tercera sentada, sus piernas le dolieron desde el principio hasta el final de la sentada. En la cuarta sentada del primer día, se dio cuenta que tenía muchos problemas porque estaba experimentando un fuerte dolor. Le dolía tanto que su cuerpo estaba temblando y estaba sudando. ¡Y esto durante el primer día!

Debido a que se trataba de un retiro de Zen había tolerancia cero hacia los movimientos, uno no podía cambiar de postura durante cada periodo de meditación formal. Milagrosamente consiguió terminar el retiro y realmente valió la pena. Durante los últimos 5 minutos de la última media hora de sentada del último día, la incomodidad física había alcanzado tales niveles de intensidad que pensó que se iba a desmayar. Le temblaba todo el cuerpo, y estaba a punto de estallar en lágrimas y gemir. Pero no quiso perder su compostura frente a todos. Sintió como dos los demás, así que empezó a gemir y gritar dentro de su cabeza: “Eres un niño! ¡No llores! ¡Eres un crío!” Repitió esto una y otra y otra vez. Era terrible. Y después sucedió algo dramático. Notó que el dolor era exactamente el mismo, pero no le molestaba ya. Cayó en un estado asombroso que nunca había experimentado antes, como si fuese flujo de energía. Se dio cuenta de que el dolor era exactamente el mismo, pero ya no le molesta. La voz interior de su cabeza se paró totalmente por primera vez en su vida. Observó realmente cómo se producía el cambio. Primero su voz mental estaba gritando al máximo de su capacidad pulmonar, después estaba simplemente hablando a un tono normal. Después se convirtió en un susurro y finalmente se convirtió en un débil y leve indicio. Después hubo silencio. Jamás en su vida había tenido tal experiencia de silencio interior. Visto desde ahora, dice, valió la pena cada instante de dolor porque desde aquel momento conoció lo que era estar libre del parloteo mental. Esta fue su primera experiencia de los efectos relajantes y de calma derivados de un alto nivel de concentración: se concentraba con toda su mente en el fuerte dolor que estaba a punto de producirle un desmayo en los últimos momentos del retiro. Y fue este altísimo nivel de concentración lo que le llevó a experimentar esa deliciosa condición de calma. Todo su cuerpo estaba totalmente relajado a pesar del gran dolor.

Era una experiencia muy interesante pero opuesta a lo que habría esperado ya que, habitualmente, el dolor nos tensa. Shinzen Young considera que el alto nivel de relajación se debió a que estaba a punto de perder el conocimiento, hecho que debilitó su mente y la hizo más ligera, tranquila y diáfana, permitiendo que todo su cuerpo se relajase. Esta experiencia permite ver la estrecha conexión entre el poder de concentración y el impacto calmante y agradable que produce en la mente y en el cuerpo. Por eso se puede decir que se puede obtener muchísimo de muy poco.

Hay disponibles experiencias sutiles, fugaces, relajadas para cualquiera durante el día: la relajación física, una ausencia de emociones corporales, una breve pausa en el parloteo mental, y la oscuridad/luminosidad detrás de los ojos cerrados. Hay estados somáticos relajados visuales, auditivos, cuando uno aprende a dónde y qué mirar. Mucha gente ni siquiera es consciente de que estos estados son reales y están ocurriendo. A través de la concentración se magnifican experiencias minúsculas, sutiles y agradables, en algo que es enormemente agradable y que tenemos disponible para cada uno de nosotros cuando realmente lo deseemos.

Shinzen Young llama a esta aproximación concentración en el reposo. Se deja mover la atención entre el reposo visual (oscuridad/luminosidad detrás de los ojos cerrados o mirada externa desenfocada), reposo auditivo (quietud mental o silencio físico) y reposo de las sensaciones del cuerpo (relajación física y tranquilidad emocional).

 

3.- Quedar atrapados en “un buen lugar”

Debido a que hay una conexión íntima entre el placer y la capacidad de concentrarse, es natural para la gente mirar la tranquilidad y la concentración como un fin en sí mismo. La última meta de tal camino sería tener la más profunda concentración y el mayor placer posible de la tranquilidad. Este estado estático -estar en la gloria- es nuestro arquetipo cultural de meditación.
Estos estados de absorción no tienen nada de malo, pero encierran un peligro potencial. Esta experiencia, que no sucede a todas las personas, pero que es bastante común, puede conducirnos a estar a la espera de la misma y conformarnos con ella sin ir más allá. Pongamos que una persona ha estado meditando por algún tiempo mediante un objeto sencillo de concentración, tal como la respiración. Va observando que cuando medita se relaja y se calma bastante; el tiempo pasa rápido y su práctica de meditación le da una pequeña ventaja en la vida. Eso no está mal, pero si el maestro de meditación no le advierte, puede que año tras año, tras año, la persona siga estancada ahí sin experimentar crecimiento alguno más allá de este punto. Su práctica de la meditación es agradable y útil, pero no está produciendo los cambios vitales que se podían esperar. Es decir, uno se queda atrapado en este “buen lugar”, sin más avances en su desarrollo interior.
Por tanto, hay que estar muy atentos a las dos trampas principales que impiden a la gente dar con su potencial completo en el camino meditativo.
-La primera es confundir el mapa con el viaje. Uno pierde el tiempo pensando y debatiendo sobre las formas de meditar en lugar de realizar la práctica sistemática.
-La segunda trampa común es quedar enganchados en un “buen lugar”: la práctica de la meditación conduce a una situación mejor, pero al instalarse en esa comodidad, el crecimiento se detiene ahí. Una de las principales tareas de un maestro es asegurarse de que esto no sucede. La tranquilidad que no madura y se convierte en mayor claridad y comprensión es un ejemplo clásico de quedar atrapados en el buen lugar. El problema está en enfatizar el aspecto de la calma sin darle la suficiente importancia al aspecto de la claridad, conduciendo a una práctica desequilibrada. Si eso sucede, la persona se queda estancada o avanza muy cansinamente. Un maestro de meditación que se encuentre con un alumno en esa situación, debe decirle, como hace Shinzen Young: hay buenas y malas noticias. La buena noticia es que estás alcanzando estados profundos. La mala noticia es que no están produciendo bastante claridad sensorial en tu experiencia y eso evita un crecimiento interior mucho más rápido. Cuando les enseña cómo hacerlo, todo cambia, y su crecimiento personal arranca de nuevo.

4.- EL DESCUBRIMIENTO DEL VIPASSANA POR PARTE DE SIDHARTA GAUTAMA

El Buda no fue ninguna especie de dios o mito sino una persona histórica que se llamaba Siddharta Gautama. Era un príncipe, hijo del rey de la nación Shakya, que estaba localizada en el Nepal de hoy en día. Si prescindimos de la mitología creada en torno a su persona, podemos obtener un juicio muy claro de cómo era este ser humano de carne y hueso. En la opinión de Shinzen Young fue uno de los seres humanos más notables de todos los tiempos.
Aunque Siddharta Gautama vivió hace aproximadamente dos mil quinientos años era una persona esencialmente moderna en muchos aspectos. Era racionalista, restaba importancia al papel de la autoridad y era crítico con las desigualdades del sistema de castas que existía entonces en su tierra. Fue el único líder religioso en la historia del mundo que le pedía a la gente que no siguiese sus enseñanzas basándose en su autoridad, sino que lo probasen por sí mismos. Era una persona totalmente moderna, igualitaria y refrescante.
Esta información sobre Buda es realmente impactante, pero su contribución más importante fue haber sido la primera persona en la historia que articuló claramente una nueva faceta de la meditación. La aportación de calma y serenidad que aporta la concentración -más concentración genera más calma y más calma facilita la concentración- ha llevado a la gente a pensar que el objetivo último de la práctica de la meditación es conseguir calma y serenidad y, en algunos casos, llegar a estados de ensimismamiento.
Siddharta Gautama descubrió una habilidad enteramente nueva de la atención. Descubrió que la atención puede ser utilizada para alcanzar un estado de comprensión más profundo de uno mismo. Nos enseñó que, mediante una observación cuidadosa de la propia experiencia interna, con una especie de microscopio interior, se puede descubrir una dimensión totalmente nueva de la meditación: la dimensión de la clarificación y del desenredo de la experiencia interior, que permite comprender la naturaleza del ego, la naturaleza del sufrimiento, la naturaleza de la unidad, incluso tal vez la naturaleza de la naturaleza.

Aquí está la historia tradicional de cómo descubrió este nuevo modo de concentrarse. Siddharta Gautama nació en una familia real hace aproximadamente unos quinientos años antes de Cristo. Un astrólogo de la corte dijo que Siddharta sería o bien un emperador conquistador del mundo o un gurú que cambiaría el mundo.  Su padre hizo todo lo posible para que Siddharta se convirtiese en emperador; pero el joven príncipe quedó impactado por el sufrimiento había en el mundo. Encontró también shramanas, personas que habían rapado sus cabezas, que llevaban vestidos especiales, y que no se estaban implicados en actividades sociales sino más bien que perseguían, entre otras cosas, una meditación del estilo de la concentración y realizaban prácticas ascéticas. Él estaba bastante impresionado por la idea de llegar a ser un shramana y superar el sufrimiento. Una noche, se escapó del palacio de su padre con la intención de buscar a un maestro de meditación. (Como se ha dicho las prácticas de concentración ya existían anteriormente en todas las culturas y, por tanto, había maestros. El primer maestro de meditación de Siddharta fue Aradakalama; le enseñó cómo entrar en un profundo estado de absorción y rapto. Siddharta tenía una enorme aptitud natural para la meditación. Era para las técnicas de lo que Mozart para la música, Bobby Fischer para el ajedrez, Muhammad Ali para el boxeo. Técnicas que ordinariamente lleva años o décadas dominar, Siddharta lo consiguió perfectamente en unos cuantos meses. Enseguida dominó estas técnicas de meditación y alcanzó el estado más profundo, con más absorción, el estado más concentrado y más dichoso. Su maestro le ofreció que se quedase con él para enseñar, pero se dio cuenta de que, si bien dentro de estos estados no había sufrimiento, éste reaparecía cuando retornaba a la vida ordinaria. Su concentración era muy profunda y estática, pero estas prácticas no habían conseguido generar un cambio esencial en su ser. Pero no se dejó atrapar por los logros alcanzados y siguió buscando para encontrar la raíz del sufrimiento y su eliminación.

Buscó a otro maestro, Uddaka Ramaputta, que sabía sobre estados más profundos de absorción. De nuevo Siddharta fue capaz de dominar las nuevas técnicas de su maestro muy rápidamente. Uddaka Ramaputta declaró que Siddharta había alcanzado todo lo que había que alcanzar y también le ofreció un puesto de maestro con él. Aunque el nuevo estado de absorción que había aprendido era más profundo que el primero, Siddharta no había alcanzado el cambio profundo que estaba buscando. Como ya no había otros maestros que pudieran ayudarle, Siddharta se dedicó a las prácticas ascéticas: haciendo auto mortificación extrema, pasando hambre y así sucesivamente.  Hizo esto durante varios años. Pero también, tuvo el valor de abandonar esto porque estaba destruyendo su cuerpo físico, arruinando su salud sin haberse alcanzado un cambio fundamental en su relación con el sufrimiento. En este punto, sintió que, aunque había aprendido algunas cosas importantes, había fracasado en su búsqueda. Así que se sentó debajo de un árbol y prometió que no se levantaría hasta que tuviese éxito en el hallazgo de lo que estaba buscando. Y lo encontró. ¿Qué había descubierto? Según la historia tradicional, descubrió un paradigma totalmente nuevo para el empeño meditativo. Se dio cuenta de que el cultivo de la concentración y la calma no era un fin en sí mismo. Descubrió cómo investigar microscópicamente en tiempo real la naturaleza de la experiencia sensorial, cómo descomponer la experiencia compleja del ego en elementos sensoriales manejables. Esto le condujo a una comprensión que arrancaría permanentemente las fuentes del sufrimiento, no solamente suspenderlo mediante un estado alterado de conciencia. Después de esto, la gente se refiere a él como Buda, que significa persona despierta. Shinzen Young llama a esta microscópica investigación de la experiencia sensorial, claridad sensorial. Es la esencia de la meditación mindfulness, y un método extremadamente poderoso de auto transformación.