MEDITACIÓN: ¿Qué es? ¿Vale la pena practicarla?

MEDITACIÓN: ¿Qué es?  ¿Vale la pena practicarla?

Por Joan Tollifson

Traducción de Manuel Burque Torreira

 

“La meditación es una práctica dualista que solo refuerza el yo separado? o “No tengo tiempo de meditar,” o “yo no puedo meditar, mi mente está muy ocupada.” Escucho afirmaciones como estas más bien con frecuencia, y me pregunto, ¿algunas de estas afirmaciones son verdaderas?

En primer lugar, ¿qué es meditación? La palabra se usa para referirse a cosas muy diferentes, pero en el sentido más profundo, tal como yo la uso, sencillamente apunta a ser aquí-ahora, presente, consciente, abierto.

Y realmente, como cualquier versión inteligente de la actividad formal que llamamos meditación eventualmente revela, esta presencia abierta consciente es la naturaleza siempre presente del Aquí-Ahora.

Es lo que el Aquí-Ahora es -la nada, el cero, el fondo desde el que surge todo y a lo que todo vuelve-.

Esta apertura es lo que somos realmente, no lo que practicamos o hacemos.

El Aquí-Ahora es el factor común siempre presente en cada experiencia, ya sea que estemos meditando, ocupados trabajando, cuidando niños ruidosos y chillones, haciendo la compra en un mercado abarrotado, conduciendo por una autopista llena de coches, manteniendo una conversación acalorada o sentados en un banco del parque observando los pájaros.

Ya nos sintamos calmados o agitados, felices o desgraciados, todo eso sucede Aquí-Ahora en esta conciencia sin límites. La meditación es realmente la naturaleza o actividad natural de la de esta presencia consciente que somos. Pero frecuentemente, esto pasa desapercibido. Y pensamos y sentimos que somos seres deficientes, encapsulados, separados. De aquí que consideramos la meditación en el sentido más formal, para despertar de esta ilusión y explorar la realidad viva de forma directa.

En este sentido más formal de la palabra, la meditación se refiere dejar de lado nuestras actividades habituales, permaneciendo relativamente tranquilos y calmados, y después hacer (o no hacer) diferentes cosas. Estas cosas diferentes en distintas escuelas de meditación pueden incluir la respiración, prestar atención a las sensaciones, etiquetar los pensamientos, decir un mantra, trabajar con un koan, atender a la atención o no hacer nada en absoluto. Puede haber instrucciones adicionales sobre la postura correcta, postura de las manos, mantener los ojos cerrados o abiertos, y así sucesivamente, y diferirán.

Para mí meditación sencillamente significa estar presente y prestar atención abierta a los que es. Y por lo que es, quiero decir la realidad energético-sensorial de este momento y la presencia consciente que contempla todo eso. En otras palabras, simplemente estar despiertos a los sonidos del tráfico, las sensaciones del cuerpo, la respiración, la danza visual de las formas y colores, si uno tiene los ojos abiertos, y también reconociendo, conectando, disolviendo todo ello en una presencia vibrante que lo impregna todo, la espaciosidad en la que todo va surgiendo, la quietud en la escucha, la vivacidad.

Meditación significa también ser consciente de los pensamientos que van surgiendo y dándose cuenta de ellos como pensamientos, sin confundirlos con historias objetivas y creíbles sobre la realidad, y sin ser absorbidos por el contenido y las tramas que están desarrollando, -y si la absorción y la hipnosis del pensamiento ocurren, como sucederá a veces, meditación significa sencillamente darse cuenta de eso- viendo la seducción del pensamiento y con qué rapidez y persuasión se crea un mundo imaginario que parece creíble y como el aparente yo parece estar en el centro de esa historia.

La meditación no enjuicia ni busca resultados. No va a ninguna parte. Y si los juicios o la búsqueda de resultados surgen, como realmente ocurre, meditar es simplemente darse cuenta de estos movimientos de la mente sin enjuiciarlos ni buscar algún estado particular o librarse de algo que aparece.

No rechaza nada, no busca nada. Se permite que todo sea tal y como es. La meditación, tal como yo la entiendo, no trata de conseguir un estado especial o librarse de algo que aparece.

Es sencillamente estar presentes, darse cuenta, estar en el Aquí-Ahora, lo que siempre somos sin esfuerzo alguno. No hay tal cosa como una “buena meditación” o una “mala meditación”.

No es posible fracasar en una meditación, aunque mucha gente cree que han fracasado porque sus pensamientos surgen una y otra vez y se sienten agitados, sin descanso y aburridos, por tanto, este debe ser un fracaso. La gente a menudo tiene la idea de que la meditación consigue la calma y la ausencia de pensamientos, y si eso no está sucediendo, eso significa que no está funcionando. Pero, la verdadera meditación permite sencillamente que todo sea como es, contemplando todo eso con amor incondicional.

La meditación no busca resultados o llegar a alguna parte o tener una experiencia mística especial o arreglar o mejorar un yo imaginario. Trata simplemente de estar despierto Aquí-Ahora, permitiendo que todo sea tal como es -y dándose cuenta de que todo es ya como es- obviamente porque todo está aquí, tal como es, incluidos nuestros momentos de resistencia y de búsqueda. Es propio de la naturaleza tipo espejo de la conciencia el permitir que todo sea tal como es. La conciencia lo incluye todo y no se apega a nada.

Y finalmente, como cualquier verdadera meditación revela, no hay una frontera real entre “meditación” y “el resto de mi vida”.

Pero es muy útil, especialmente en los comienzos, dedicar un cierto tiempo y espacio ininterrumpido a sentarse tranquilamente, sin hacer nada. Esto es lo que nuestra sociedad necesita desesperadamente, algo de lo que la mayoría de nosotros estamos profundamente hambrientos, lo reconozcamos o no. Lejos de “desperdiciar el tiempo”, esto trata de descubrir lo que es más esencial y de ver lo falso somo falso. Pero es mejor acercarse a la meditación sin ideas tan elevadas y mirarla como como algo completamente inútil y sin propósito. Eso puede sonar terrible pero solo para la mente condicionada.

Aunque la meditación, a veces, se llama sentarse, estar sentado no es esencial. Uno puede meditar sentado, de pie, tumbado o caminando. Uno puede estar en un sillón, en una silla reclinable, en un banco del parque o en un cojín de meditación. Uno puede estar en casa, en la oficina, en la prisión, en la cama de un hospital, en un avión o en cualquier parte en absoluto. Una ubicación tranquila ayuda, pero de ninguna manera es esencial. Nada que aparezca puede considerarse una distracción, un obstáculo, una interrupción o un problema. Los ojos pueden estar abiertos o cerrados. Uno no necesita mantener el cuerpo totalmente inmóvil, sino simplemente permitir que surja por sí misma una quietud natural.

Todos tenemos al menos unos pocos minutos a lo largo de un día corriente ocupado, que potencialmente podríamos dedicar a esta especie de ser simplemente. Mientras vamos en el autobús, en el tren o en el avión, o mientras esperamos en una sala de espera antes de una cita, en lugar de buscar una revista o el teléfono, podemos tratar de solo ser aquí. ¡Esto es radical en nuestra sociedad! Durante un momento entre cliente y cliente, entre paciente y paciente, entre dos reuniones, durante un descanso, mientras los niños duermen, o cuando haya un momento libre en la planificación diaria, podemos simplemente parar y ser. Unos pocos minutos, incluso unos pocos segundos, a lo largo del día, pueden ser algo importante.

Y tal vez es posible dedicar algún tiempo específico, tal vez solo 5 o 10 minutos, al comienzo y/o al final del día, a simplemente ser aquí, sin hacer nada. Aunque la meditación formal lleva tiempo, relativamente hablando, realmente trata de la apertura a lo que es sin tiempo, sin comienzo ni final, siempre presente y sin embargo siempre cambiante. Y cuánto más se reconoce esto, más se sabe estar siempre presente como lo que uno es realmente, no como una idea o como una creencia sino como una realidad sentida sin duda alguna.

Nadie carece de algún tiempo sin programar, de tiempo libre. Pero tendemos a llenarlo con ruido y asuntos: pensar y hablar sin cesar, video juegos, medios sociales, navegar por internet, mirar la TV, leer, mirar el correo, ver las llamadas telefónicas, o cualquier otra cosa en lugar de solo ser aquí y ahora. Nuestra sociedad actual nos ofrece abundantes posibilidades para este tipo de actividades crecientemente adictivas y sin descanso. Es difícil hallar un espacio público sin televisiones encendidas o música de fondo o ambas, permanentemente en funcionamiento.  Mientras que las actividades anteriormente mencionadas no son “malas” o inherentemente problemáticas realizadas con moderación, vivir sin ellas durante algunos minutos, unas pocas horas, unos pocos días o semanas en alguna ocasión, se nos muestra como una maravillosa revelación.

Cuando uno se permite por primera vez hacer esto –parar y estar inmóvil, sin hacer nada– puede sentir alivio y alegría, o sentir una intensa energía en el cuerpo que parece demandar hacer algo como coger el teléfono o comenzar a pensar sobre algo inmediatamente. Si uno siente esta poderosa urgencia de hacer algo, simplemente debe sentir esa energía, esa urgencia, en el cuerpo como una sensación pura. Explorarla. Dejarla ser. Si hay lo que llamamos inquietud o aburrimiento, simplemente permitimos que estas cosas sean lo que son y somos curiosos sobre cómo se desarrollan ¿qué son, sin etiquetas?

Miramos los pensamientos, sentimos las sensaciones, conectamos con la energía desnuda de los mismos.

Si dejamos pasar todos nuestros asuntos y la hiperestimulación, puede ser como superar el abandono de cualquier otra adicción -hay a menudo un periodo de malestar-. El desafío consiste en estar con este malestar sin buscar nada para curarlo. Aquí es donde descubrimos lo que hemos estado evitando y lo que hemos estado perdiendo.

Alguna gente tiene disciplina y la regularidad es muy importante, otros no. Algunos miran la meditación como una práctica, otros simplemente como una parte natural de la vida. Algunos usan un cronómetro y siguen un horario estricto, otros implemente meditan tan a menudo y/o tanto tiempo como sienten, tal vez sin pensar en ello nunca más como “meditación” o como algo especial. Siento que podemos confiar que el mejor modo para cada uno de nosotros se desplegará de forma natural, y el mejor modo puede cambiar a lo largo del tiempo. Incluso los aparentes errores son todos parte del Camino. El Camino no va a ninguna parte (es decir, es siempre Aquí/Ahora), y simplemente despertamos a la realidad de que somos Aquí-Ahora. Si tratamos de “estar aquí ahora”, estamos pasando por alto esto. No se trata nunca del futuro o de intentar llegar a alguna parte.

La Meditación para mí es ambas cosas, práctica y potencialmente algo trascendente, y por trascendente, quiero decir el descubrimiento de lo que es ilimitado y libre, más allá de lo personal (y esto no excluye ni niega lo personal, sino que no está limitado por ello). En ambos niveles, el práctico y el trascendente, la meditación implica ver como la mente pensante crea el sufrimiento y la confusión, despertando de historias y creencias, desarrollando una capacidad de convivir con sensaciones o emociones perturbadoras sin necesitar escapar por caminos dañinos, y pasando de una vida desenraizada y gobernada por el exterior a una vida enraizada más y más en la conciencia y en la presencia. A nivel de práctica, la meditación nos puede conducir a una vida más feliz y menos estresante, y para muchos, especialmente con las formas seculares de meditación, esto es lo más lejos que nos puede llevar, y no está mal.

Pero a un nivel más profundo y trascendente, la meditación nos permite ver a través del espejismo del yo separado. Trata de pasar de estar exclusivamente identificados como una persona, a saber que somos el ser consciente y sin límites que contempla el mundo de la mente-cuerpo. Es el descubrimiento de que no estamos encapsulados dentro del cuerpo y de que el mundo no está “ahí fuera”, separado de nosotros. La meditación revela la totalidad sin costuras y la interdependencia de todo. En la verdadera meditación no hay meditador.  No hay frontera entre dentro y fuera, entre sujeto y objeto. La meditación nos permite darnos cuenta de lo que de otro modo sólo nos aparecería como una colección de ideas y creencias hermosas (es decir, que no hay ego, que no experimentamos nada fuera de la conciencia, que las cosas aparentemente separadas y persistentes no existen realmente). También nos permite ver que el amor incondicional es nuestra naturaleza fundamental, que el nacimiento y la muerte son divisiones imaginarias de lo que realmente es un todo sin costuras, que nuestra Naturaleza Esencial nunca se pierde ni siquiera en los momentos de malestar y confusión. La meditación nos permite explorar cuestiones tales como libre albedrío o la naturaleza de la realidad, no pensando sobre ellas sino observándolas y conociéndolas directamente.

La meditación no es teórica o filosófica; es encarnada y no conceptual. Y paradójicamente, cuando estamos totalmente encarnados, ¡queda absolutamente claro que no somos el cuerpo! ¿Quién o qué eres tú ahora mismo si no te refieres a los pensamientos, a la memoria, a la imaginación y a la información de segunda mano? Como presencia consciente innegable, ¿tienes un género, una edad, una nacionalidad, un cuerpo y una mente? ¿Estás situado en alguna parte en particular? ¿Tienes límites, un lugar en el que comienzas y terminas, algún lugar en el que no estás? ¿Hay algún límite entre tu interior y tu exterior? Introduce centro de ti estas preguntas. Siente el alivio y la libertad de no ser “nada” en absoluto y la de ser todo a la vez.

Por un momento, deja atrás el pasado y el futuro. Deja atrás todas las ideas y creencias, toda la información de segunda mano y el conocimiento acumulado. Deja atrás todo lo que crees que sabes sobre ti mismo y sobre el mundo. Deja atrás toda expectativa y anticipación, todas las opiniones y juicios. Ábrete completamente. No te resistas a nada. Permite que los sentidos funcionen de forma natural. Si los pensamientos vienen, déjalos venir e irse, pero no te involucres en las historias que cuentan. Sé simplemente. Siente la textura de este puro ser. Siente la espaciosidad, la apertura, la energía, la vibrante vivacidad.

¿Qué es lo que se da cuenta de esta apertura, de esta espaciosidad, de esta vivacidad? No busques las respuestas en el pensamiento sino simplemente mira y escucha y mantente abierto a lo que se revela a sí mismo. Si no viene nada perceptible o concebible a tu mente como respuesta, por muy sutil que pueda ser, pregúntate a ti mismo, ¿qué es lo que se da cuente de eso? Cae en la nada que no puede ser asida por la mente, el cero sin información, la unicidad sin límites y totalmente inclusiva que no tiene opuesto, la quietud en el Corazón de todo, lo inmensurable, la vastedad ilocalizable que es anterior (o más sutil que) a nada perceptible o concebible.

Esta vastedad de Aquí-Ahora aparece como una forma siempre cambiante y que se disuelve en la no forma, como las olas del océano surgiendo y desapareciendo. Dedícate a esta vastedad que eres, tu propio Corazón, expresándose como movimiento de olas y desapareciendo en la profundidad silenciosa que en realidad nunca ha abandonado, momento a momento, respiración a respiración. Meditación de devoción. Amor incondicional que encuentra a Dios en todas partes.

La meditación invita a liberarse en el lugar, no de una vez por todas, no algún día, no una vez hace tiempo, sino justo ahora.

¡Y si piensas que no estás liberado, la meditación te invita a ver si puedes encontrar a ese que no está liberado!

LA MEDITACIÓN: ¿Qué es? ¿Vale la pena practicarla?

LA MEDITACIÓN: ¿Qué es? ¿Vale la pena practicarla?       Por Joan Tollifson

 

Traducido por Manuel Burque

 

“La Meditación es una práctica dualista que sola refuerza el yo separado” o “yo no tengo tiempo para meditar,” o “No puedo meditar, mi mente está demasiado ocupada.” Escucho afirmaciones como estas con bastante frecuencia y me pregunto, ¿son estas afirmaciones verdaderas?

 

En primer lugar, ¿qué es meditación? La palabra se utiliza para referirse a cosas muy diferentes, pero en el sentido más profundo, como yo la uso, sólo apunta a estar Aquí-Ahora, presente, consciente, abierto. Y realmente, como cualquier versión inteligente de la actividad formal que llamamos meditación eventualmente revela, esta presencia consciente abierta es la naturaleza siempre presente de Aquí-Ahora. Es lo que Aquí-Ahora es -la Nada- el cero, el fondo del que todo surge y al donde todo retorna. Esta apertura es lo que somos realmente, no algo que practicamos o hacemos.

Aquí-Ahora es el factor común siempre presente en cada experiencia diferente, ya sea que estemos meditando, ocupados en el trabajo, cuidando de niños rebeldes y chillones, haciendo la compra en un super abarrotado, conduciendo en una autopista con mucho tráfico, teniendo una conversación acalorada, o sentado tranquilamente en un banco del parque observando los pájaros. Ya sea nos encontramos relajados o nerviosos, felices o desgraciados, todo sucede Aquí-Ahora en esta conciencia sin límites. Meditación es en realidad la naturaleza o actividad natural de esta presencia consciente que somos. Pero con frecuencia, esto pasa desapercibido. Nosotros pensamos que somo un ser separado, encapsulado, deficiente. De ahí que hagamos meditación en el sentido más formal para despertar de esta ilusión y explorar directamente esta realidad viva.

En este sentido más formal de la palabra, meditación se refiere a dejar de lado nuestras actividades habituales, permaneciendo relativamente aquietado y tranquilo, y después haciendo (o no haciendo) diversas cosas. Estas diferentes cosas en las diferentes escuelas de meditación pueden incluir seguir la respiración, atender a las sensaciones, etiquetar los pensamientos, decir un mantra, ser consciente de la propia conciencia, trabajar con un loan, o no hacer nada en absoluto. Puede haber instrucciones adicionales sobre la postura correcta, sobre la posición de las manos, sobre si mantener los ojos abiertos o cerrados y así sucesivamente -todo esto diferirá de una a otra escuela-.

Para mí, meditación quiere decir sencillamente estar presente y prestar atención abierta a lo que es. Y por lo que es, entiendo la realidad desnuda energético-sensorial de este momento y la presencia consciente que contempla todo esto. En otras palabras, simplemente estar despierto a los sonidos de tráfico, las sensaciones del cuerpo, la respiración, la danza visual de formas y colores si los ojos están abiertos -y también el reconocimiento, la conexión, el sentir y la disolución de todo en la vibrante presencia que lo impregna todo, la espaciosidad en la que todo está surgiendo, el silencio que escucha, la vivacidad.

Meditación quiere decir también ser consciente de los pensamientos que aparecen y el reconocimiento de los mismos como pensamientos, sin confundirlos con historias objetivas y creíbles sobre la realidad y sin ser absorbidos por el contenido y las narrativas que desarrollan -y si uno es absorbido e hipnotizado por ellos, como probablemente sucederá en alguna ocasión, , meditación es sencillamente darse cuenta de eso  -viendo la fascinación del pensamiento y cómo rápida y persuasivamente crea un mundo imaginario que parece creíble, y cómo eso crea el yo aparente suceder, en el centro de esa historia.

 

La meditación no es crítica ni orientada a los resultados, No está yendo a ninguna parte. Y si los juicios y la orientación a los resultados surgen, como puede ocurrir, meditación significa sencillamente darse cuenta de esos movimientos de la mente sin juzgar los juicios o buscar el fin de la búsqueda. Nada es resistido, nada es buscado. Es permitido que todo sea tal y como es. La meditación, como yo la veo, no trata de llegar a ningún estado especial o librarse de algo que aparece. Es simplemente estar presente, ser consciente, ser Aquí-Ahora, lo que somos siempre sin esfuerzo alguno.

No hay tal cosa como “buena meditación” o “mala meditación”. No se puede fracasar en la meditación, aunque mucha gente cree que sí porque sus pensamientos andan desbocados, no tienen calma o están aburridos, por tanto, concluyen que han fracasado y no sirven. A menudo la gente tiene la idea de que la meditación se hace para alcanzar la calma y apaciguarse y para librarse de los pensamientos, y, si no lo consiguen, consideran que no funciona. Pero la verdadera meditación siempre permite que todo esto sea tal cual es, contemplándolo todo con amor incondicional.

La meditación no trata de resultados ni de llegar a alguna parte ni de alcanzar una experiencia mística especial ni de arreglar o mejorar el yo imaginario. Sencillamente trata de despertarse al Aquí-Ahora, permitiendo que todo sea tal y como es, -dándose cuenta de que todo es ya tal y como es- obviamente, porque todo está aquí, ¡tal y como es incluidos esos momentos de resistencia y de búsqueda!  Está en la naturaleza de espejo de la conciencia el permitir que todo sea tal y como es. La conciencia lo incluye todo y no se apega a nada.

 

Finalmente, como con el tiempo revela cualquier verdadera meditación, no hay una frontera real entre “meditación” y “el resto de la vida”. Pero es de mucha ayuda, sobre todo al principio, dedicar un tiempo y espacio específicos y sin interrupción, a sentarse en silencio, sin hacer nada. Esto es algo que nuestra sociedad necesita desesperadamente y de lo que muchos de nosotros estamos hambrientos, lo reconozcamos o no. Lejos de ser una “pérdida de tiempo”, se trata de descubrir lo que es más esencial, de distinguir lo falso de lo que es real. Pero, es mejor acercarse a la meditación sin ideas tan elevadas, que mirarla como totalmente inútil y sin propósito. Esto puede sonar terrible, pero solamente para la mente condicionada.

 

Aunque a veces la meditación se conoce como “sentarse”, estar sentado no es esencial. Se puede meditar sentado, de pie, tumbado o caminando. Se puede estar en un sofá, en un reclinatorio, en un banco del parque o en un cojín de meditación. Puede uno estar en casa, en la oficina, en la prisión, en la cama de un hospital, en un avión o en cualquier otra parte. Ayuda un sitio tranquilo, pero de ninguna manera es esencial. Nada que se presente tiene que considerarse una distracción, un obstáculo, una interrupción o un problema. Los ojos pueden estar abiertos o cerrados. No es necesario mantener el cuerpo totalmente inmóvil, sino sencillamente permitir que la calma natural surja por sí misma.

Todos tenemos al menos unos minutos durante un día ordinario ocupado que potencialmente podríamos dedicar a este tipo de práctica, de simplemente ser. Mientras se va en autobús, en tren o en avión, o mientras se espera en una sala de espera antes de una cita, en vez de coger una revista o el teléfono, se puede practicar eso de sólo SER aquí.  ¡Esto es radical en nuestra sociedad! Durante un momento entre cliente y cliente, entre paciente y paciente, durante los descansos. En el tiempo en que los niños están durmiendo la siesta, o cuando hay un momento libre en tu programa diario, simplemente para y sé. Unos pocos minutos, incluso unos pocos segundos a lo largo del día, pueden ser importantes. Y tal vez sea posible tener algún tiempo específico, quizás, 5 o 10 minutos, al principio y/o al final del día, dedicados sencillamente a ser aquí, a no hacer nada.

Aunque la meditación formal lleva tiempo hablando en términos relativos, trata realmente sobre cómo abrirse a lo atemporal, sin principio ni fin, siempre presente y a la vez siempre cambiante. Y cuanto más se reconoce esto, más se aprende a estar presente a los que uno es realmente, no como una idea o creencia sino como una realidad experimentada y sentida sin ningún tipo de duda.

No hay nadie que no disponga de algún tiempo libre. sin cosas que hacer. Pero tendemos a llenar todo con ruidos y ocupaciones: pensar y hablar constantemente, videojuegos, medios de comunicación, entrar en internet, mirar TV, leer, mirar el correo, mirar el teléfono, u otras muchas cosas distintas de eso de solamente estar aquí. Nuestra sociedad actual ofrece abundantes posibilidades para este tipo de actividad inquieta y crecientemente adictiva. Es difícil hallar cualquier espacio público sin TV o música de fondo, constantemente en funcionamiento. Ninguna de las actividades indicadas más arriba es “mala” o inherentemente problemática usada con moderación, sin embargo, es una maravillosa revelación aprender a vivir sin ellas durante unos cuantos minutos, unas pocas horas, unos cuantos días o semanas a veces.

Cuando uno se permite por primera vez hacer esto –parar y estar en calma, sin hacer nada en absoluto- siente alivio y alegría, o puede sentir una intensa energía en el cuerpo que pide hacer algo como coger el teléfono o comenzar a pensar de inmediato sobre algo. Si sientes esta poderosa urgencia de hacer algo, sólo siente esa energía, esta urgencia en el cuerpo como pura sensación. Explórala. Déjala ser. Si aparece lo que llamamos inquietud o aburrimiento, permite que estas cosas sean como son, y sé curioso sobre ellas – ¿qué son, sin etiquetas?, siente las sensaciones, conecta con su energía. Dejando ir nuestras preocupaciones e hiperestimulación puede que se produzca el desenganche como en cualquier otra clase de adicción, si bien es verdad que a menudo hay un cierto periodo de malestar. Hay que convivir con este malestar sin buscar algo para curarlo. Aquí es cuando uno descubre lo que ha estado evitando y lo que uno ha estado perdiendo.

Algunas personas tienen disciplina, y la regularidad es muy importante en la meditación, otras no la tienen. Algunas miran

la meditación como una práctica, otras simplemente como una parte natural de su vida. Algunas usan un cronómetro y siguen un horario estricto, otras sencillamente meditan tan a menudo y tanto tiempo como sienten, tal vez sin ni siquiera pensar en ello como meditación o como algo especial. Siento que todos podemos confiar en que la mejor manera para cada uno de nosotros se desplegará naturalmente, y la mejor manera puede cambiar con el tiempo. Incluso los aparentes errores son todos ellos parte del Camino. El Camino no va a ninguna parte (es decir, siempre es Aquí-Ahora), y nosotros simplemente nos despertamos a la realidad que somos Aquí-Ahora. Si intentamos “estar aquí ahora”, no nos estamos dando cuenta de eso. Nunca se trata del futuro ni de llegar a ninguna parte.

La meditación, como yo la veo, es a la vez práctica y potencialmente trascendente; y por trascendente quiero señalar que es libre y no tiene límites, está más allá de lo personal (y esto no excluye o niega lo personal, pero simplemente no es limitado por eso). En ambos niveles, el práctico y el trascendente, la meditación implica darse cuenta de cómo la mente pensante crea sufrimiento y confusión, implica despertar de esas historias y creencias, implica desarrollar una capacidad de convivir con las sensaciones o las emociones molestas, sin necesidad de escapar por caminos inapropiados, e implica desplazarse desde una vida arraigada primordialmente en el pensamiento y gobernada por él, a una vida enraizada más y más en la conciencia y la presencia. A nivel práctico solamente, esto nos puede lleva una vida menos estresante y mucho más feliz, y para muchos, especialmente con las formas seculares de meditación, y esto llega tan lejos como llega, y está bien así.

Pero a un nivel más profundo y trascendental, la meditación implica ver a través del espejismo del yo separado. Se trata de un cambio de estar exclusivamente identificado como persona a saber que somos la conciencia sin límites que es y contempla el cuerpo-mente-mundo. Es el descubrimiento de que no estamos encapsulados dentro de un cuerpo y de que el mundo no está “ahí fuera” separado de nosotros. La meditación revela la continuidad, la totalidad e interdependencia de todo. En la verdadera meditación, no hay meditador. No hay fronteras entre dentro y fuera, entre sujeto y objeto.

La meditación es cómo nos damos cuenta o nos percatamos lo que de otro modo podía ser solamente una colección de ideas o creencias (por ejemplo, que no hay un yo, que nunca experimentamos nada fuera de nuestra conciencia, que las cosas constantes y aparentemente separadas  no existen realmente, que el amor condicional es nuestra naturaleza esencial, que el nacimiento y la muerte son divisiones imaginarias en las que realmente hay un todo sin costuras, que nuestra Verdadera Naturaleza nunca se pierde ni siquiera en los momentos de enfado y confusión).

¿Quién o qué eres tú ahora mismo, si no haces referencia al pensamiento, a los recuerdos, a la información de segunda mano o a la imaginación? ¿Tienes como innegable presencia de Aquí-Ahora, un género, una edad, una nacionalidad, un cuerpo o una mente? ¿Estás ubicado en alguna parte en particular? ¿Tienes límites, hay algún lugar en el que comienzas y terminas, hay algún lugar en el que no estás? ¿Hay algún límite dentro o fuera de ti? Siente sobre estas preguntas. Siente el alivio y la libertad de no ser nada en absoluto y de ser todo a la vez.

Por un momento, deja el pasado y el futuro atrás. Deja atrás todas las ideas y creencias, la información de segunda mano y el conocimiento acumulado. Deja atrás todo lo que crees que sabes sobre ti mismo y sobre el mundo. Deja atrás toda expectativa y anticipación, todas las opiniones y juicios. Mantente completamente abierto. No resistas nada. Permite que los sentidos funcionen naturalmente. Si vienen pensamientos, déjalos venir y déjalos irse, pero no te quedes involucrado en las historias que cuentan. Sé simplemente. Siente la textura del puro ser. Siente la espaciosidad, la apertura, la energía, la vivacidad vibrante.

 

¿Qué es consciente de esta apertura, de esta espaciosidad, de esta vivacidad? No busques la respuesta en el pensamiento, sino simplemente mira y escucha y mantente abierto a lo que se revela a sí mismo. Si algo perceptible o concebible viene a tu mente como la respuesta, por muy sutil que pueda ser, pregúntate a ti mismo, ¿qué es consciente de esto? Cae en la nada que no puede ser captada por la mente, la información cero, la unicidad sin límites y totalmente inclusiva que no tiene opuesto, la quietud en el corazón de todo, lo inmensurable, la vastedad ilocalizable que es anterior (o más sutil) que nada perceptible o concebible.  Esta vastedad Aquí-Ahora aparece como forma siempre cambiante que se disuelve nuevamente en lo sin forma. Como olas en el océano que surgen y desaparecen. Dedícate a esta vastedad que eres, tu propio Corazón, que se expresa como movimiento ondulante que desaparece en el profundo silencio que realmente jamás ha dejado de ser, momento a momento, respiración a respiración. La meditación es devoción, amor incondicional, que encuentra a Dios en todas partes.

La meditación invita a ser liberado en el sitio, no una vez y para siempre, no algún día, no una vez hace tiempo, sino ahora mismo.

Y si piensas que no estás liberado, ¡la meditación te invita a ver si puedes hallar a ese que no está liberado!